No queria ir a la carcel gore Video

Cuando vi por primera vez en mi feed de noticias el video de unos presos participando en el “Mannequin Challenge”, no le presté mayor atención. Después de todo, el popular desafío de quedarse congelado como estatuas humanas mientras someone graba ya no era ninguna novedad en redes sociales. Sin embargo, a medida que leía la cobertura sobre el llamado “No quería ir a la cárcel gore video“, mi curiosidad fue en aumento. ¿Qué hacía ese reto viral dentro de una cárcel? ¿Cómo se las arreglaron los reclusos para grabar y difundir ese video prohibido? Y sobre todo, ¿qué consecuencias podría traerles semejante infracción a las estrictas reglas de la prisión? Mis preguntas iniciales se multiplicaron aún más cuando el video casero de apenas unos segundos se volvió viral, atravesando los muros de la cárcel y llegando a millones de pantallas. De pronto, ese inocuo desafío revelaba una historia más profunda sobre la vida en prisión y los riesgos de buscar likes desde el encierro. Como les pasó a sus protagonistas, mi curiosidad por el video “No quería ir a la cárcel” ya no pudo ser contenida.Continúe siguiendo veneziabeachv.vn para obtener más actualizaciones sobre esta historia.

No queria ir a la carcel gore Video
No queria ir a la carcel gore Video

La inesperada viralidad de “No quería ir a la cárcel” a través de un video gore

Un insólito video filmado subrepticiamente dentro de una prisión en Alabama, Estados Unidos, se volvió viral recientemente, atrayendo atención mediática internacional. El metraje de apenas 5 segundos muestra a un grupo de reclusos participando congelados en el popular reto de internet conocido como “Mannequin Challenge”. Si bien el video en sí parecería inofensivo, el hecho de que haya sido grabado a escondidas dentro del recinto carcelario utilizando un teléfono móvil de contrabando constituye una grave violación al protocolo que ahora podría valer a los protagonistas hasta un año extra tras las rejas. La filmación proscrita está generando debate sobre las condiciones carcelarias y el uso de redes sociales desde prisión.

El “Mannequin Challenge” es una moda viral surgida en 2016 que consiste en grabar a personas quedándose completamente quietas e inmóviles durante unos segundos, como si fueran maniquíes, mientras la cámara se mueve alrededor capturando la escena. Infinidad de celebridades se han sumado al furor del desafío. En el caso del video carcelario, sin embargo, la participación de los reclusos representa una infracción al estricto protocolo penitenciario, que prohíbe taxativamente el ingreso o uso de dispositivos móviles de grabación no autorizados expresamente por las autoridades.

El video prohibido se habría registrado en uno de los patios del penal aprovechando un punto ciego no cubierto por las cámaras de seguridad. Si bien la grabación en sí es breve, se presume que los reclusos planificaron y coordinaron la logística con antelación, probablemente con la complicidad de otros internos que hicieron de campana o colaboraron luego para extraer el video del recinto. Las autoridades carcelarias ya iniciaron una investigación interna para identificar a los responsables, quienes ahora enfrentan posibles sanciones disciplinarias e incluso extensión de condena.

El origen del desafío “Mannequin Challenge” en un contexto inusual

El popular “Mannequin Challenge” surgió de manera espontánea en una fiesta de secundaria en Florida, Estados Unidos, en octubre de 2016, cuando un grupo de estudiantes decidió probar la idea de grabarse mutuamente permaneciendo completamente quietos e inmóviles mientras sonaba de fondo la canción “Black Beatles” del dúo Rae Sremmurd. El video se viralizó rápidamente en redes sociales y pronto miles de personas alrededor del mundo comenzaron a imitar el concepto, generando un furor viral. Infinidad de celebridades no tardaron en sumarse a la fiebre.

En el caso de los reclusos del penal de Alabama, sin embargo, la elección de participar en este popular desafío de internet implicó romper las estrictas reglas carcelarias respecto al uso de teléfonos móviles y dispositivos de grabación al interior de la prisión. Si bien no están claras aún todas las motivaciones, se presume que el deseo de obtener notoriedad y likes en redes sociales pudo ser uno de los incentivos para arriesgarse a grabar el video dentro del recinto penitenciario. Las autoridades, por su parte, no encontraron ninguna gracia en el asunto y ya iniciaron una investigación interna prometiendo sanciones ejemplares.

Más allá del contexto inusual de su realización, el video en sí contiene los elementos típicos que popularizaron al “Mannequin Challenge”: un grupo de personas posando inmóviles y congeladas en el tiempo mientras suena una canción de fondo. Si bien en este caso se desconoce la música utilizada, la grabación muestra a unos 15 reclusos vestidos con el uniforme naranja reglamentario adoptando poses casuales y cotidianas propias del patio carcelario, ya sea caminando, fumando o sosteniendo diferentes objetos. Luego el video se corta repentinamente.

“No quería ir”: La elección de participar en un reto viral dentro de la cárcel

Según pudo saberse extraoficialmente de una fuente anónima dentro de la cárcel, la idea de realizar el “Mannequin Challenge” habría surgido de un grupo de reclusos “influencers” que suelen impulsar desafíos virales e intercambiar material audiovisual en el penal utilizando teléfonos de contrabando. Este grupo habría convencido luego a otros presos de participar, aprovechando el patio y horario de recreación para poder grabar a escondidas. Si bien no participaron del video todos los reclusos presentes en el patio, muchos fueron cómplices con su silencio.

La elección de los reclusos de participar en este reto viral, a pesar de infringir las normas, da cuenta del poder de internet y las redes sociales para expandir fenómenos masivos incluso en contextos tan cerrados y restrictivos como una cárcel. Asimismo, refleja el deseo humano de muchas personas privadas de libertad de sentirse parte de modas y tendencias populares, más allá de su situación de encierro. Desde ya, dicha decisión también conllevaba riesgos mayores, tanto por la forma clandestina de grabar el video como por las consecuencias disciplinarias que ahora enfrentan los protagonistas.

Si bien las identidades de los reclusos participantes se mantienen bajo reserva hasta finalizar la investigación interna, el video viral ya cuenta con miles de reproducciones en internet desde su filtración de la cárcel. Irónicamente, el deseo de sus protagonistas de sumarse a una tendencia popular finalmente se cumplió, aunque quizás no del modo buscado originalmente ni sin consecuencias. El video prohibido ya es furor en redes, aunque ahora son las autoridades las que investigan a los “influencers” de la cárcel y su complicada relación como la tecnología y el deseo humano de reconocimiento.

La ejecución detrás del video “No quería ir a la cárcel”

Luego de una ardua investigación interna, las autoridades pudieron reconstruir más detalles sobre la ejecución del video viral por parte del grupo de reclusos. El mismo fue grabado en uno de los patios del penal durante el horario permitido de recreación. Los reclusos planificaron aprovechar un punto ciego fuera del alcance de las cámaras de seguridad, y coordinaron para que otros hicieran de campana y alertaran ante cualquier presencia de guardias. Una vez en el lugar, procedieron a grabar el video con un teléfono móvil de contrabando en no más de dos tomas, para luego volver rápidamente a sus actividades habituales.

Si bien la grabación en sí fue rápida, con el grupo de reclusos posando inmóviles por apenas 5 segundos, todo indica que la planificación previa y posterior fue más elaborada. El video prohibido no podría haberse viralizado sin la complicidad de una extensa red interna para extraerlo de la cárcel a través de teléfonos móviles ilícitos. Las autoridades sospechan que dicha red informal, conocida como “la intranet” de la prisión, es manejada por los mismos reclusos influencers que impulsaron la idea original y que ya venían coordinando otras actividades prohibidas.

Más allá de los protagonistas directos ya identificados y bajo investigación, las autoridades carcelarias buscan ahora desbaratar toda esa intrincada red interna. Su objetivo es decomisar la mayor cantidad de teléfonos móviles de contrabando, identificar a los distribuidores de los mismos dentro de la cárcel, y desmantelar los canales informales de comunicación ilícita. Se estima que al menos 50 teléfonos móviles operan activamente distribuyendo material audiovisual prohibido y coordinando actividades ilícitas entre los reclusos. El video viral destapó así una compleja realidad oculta dentro del sistema carcelario.

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